"El mayor castigo para el hombre de bien, cuando se niega a gobernar a los demas, consiste en ser gobernado por otro hombre peor que el" - Platon

July 23rd, 2006

18 de Julio De 1936

Ingresado por BajandoLinea en Editorial

18 de Julio de 1936: 

El fascista  Francisco Franco da inicio a una de las mayores  salvajadas de la Historia. 

 Se cumplen el 18 de julio setenta años del comienzo de un golpe de Estado contra la legalidad española, encarnada en el Gobierno de la II República, presidida por don Manuel Azaña e instaurada tras la huída de la monarquia borbónica ejercida por Alfonso XIII, que había violado groseramente la Constitución de ese país y protegido la dictadura del general Miguel Primo de Rivera y Orbaneja. 

La sola instalación de la II República Española, cuasi solitaria experiencia democrática en una Europa plagada de totalitarismos que se querían devorar al mundo, fue de por sí un épico logro. Pero no se trató de una ensoñación o una locura, sino de un intento viable y muy serio de traer a España al siglo XX y extraerla de una situación que se acercaba más al feudalismo que a la etapa posterio a la Revolución Francesa.

 Esa intención democratizadora, que pretendía llevar el bienestar a la sociedad hispana, chocó con la angurrienta y cerril defensa de sus fenomenales privilegios por parte de las castas y corporaciones dominantes, que iban desde un ejército gigantesco hasta los terratenientes que avasallaban a sus campesinos, desde una Iglesia de mentalidad arcaica, hasta una politiquería asentada en el fraude y en el caciquismo.

Eran los representantes de una España adocenada y servil los que manejaban los destinos de la Península y contra eso, como un ventarrón fresco surgió la República.

 Desde luego que cometió errores, pero esa no fue la causa por la cual los intereses subalternos y mezquinos, los que perdieron influencias y dineros, los que debieron cesar de usar el látigo, le impidieron, desde el inicio concretar buena parte de sus reformas, claras, legítimas, justas.


Día tras día, con la fuerza de sus infuencias tenebrosas, con la capacidad intacta de sembrar cizañas y odios, la derecha reaccionaria, los fantasmas concretos de un pasado oscurantista, movieron los hilos para que en ellos tropezaran los gobernantes populares.

 Figuras de la talla de Manuel Azaña, de Jimenez de Asúa, de Indalecio Prieto, de Casares Quiroga, de Fernando de los Ríos  y tantos otros estadistas trazaron las líneas para contribuir a levantar a España, a curar viejas heridas en el llagado tejido social de esa nación europea. 

Ese fue el crimen. Ese fue el delito de los que querían llevar a España al siglo XX.

Y tras unos pocos años, pues la República había nacido el 14 de abril del 31, los fantasmas del pasado se materializaron el 18 de julio de 1936, y se lanzaron a la reconquista de sus turbios intereses, de sus perdidos privilegios, de sus infames corrupciones.

 Fracasó el golpe. La fuerza del pueblo fue mas fuerte que la fuerza bruta. Y los sublevados, encapsulados, pidieron socorro a sus amigotes del alma: Benito Mussolini y Adolfo Hitler. 

Los monstruos totalitarios marcharon, a toda velocidad, al salvataje de sus sicarios españoles, con una rapidez de la que fueron incapaces los gobiernos democráticos del mundo, a excepción de México, presidido entonces por el General Lázaro Cárdenas, que poco podía aportar, salvo la bravura del alma azteca. 

Las democracias, que estaban aterradas por el posible enojo del salvaje que comandaba Alemania, se quedaron en un rincón, mientras las hordas de aviones nazis volaban hacia España y posibilitaron el cruce del Mediterráneo a las bandas de cipayos moros y a los sublevados del Ejército colonial español estacionado en África del Norte, que invadieron salvajemente el territorio continental. 


No es necesario historiar aquí lo que fue la Guerra Civil Española. 

No es necesario detallar cada acto heroico de ese pueblo que, a pesar de la cobardía de los gobiernos democráticos, luchó hasta el último instante para impedir el triunfo de esa vergüenza humana que es el fascismo. 


Todos sabemos del “No pasarán”, de los cientos de miles de muertos, de García Lorca, el primer desaparecido, tal vez, del siglo XX, que sigue siendo, hasta hoy, un desaparecido mas. Nadie se olvida del ataque de los aviones nazis, que en nombre de Francisco Franco  masacraron  a Durango y a Guernica. 

Seguramente todos. cualquiera sea la edad de cada uno, sabemos de memoria alguna de las viejas canciones de esa República entrañable, cuyos acordes y letras, aun hoy nos emocionan, por ser deudores para siempre por tanta heroicidad anónima, por tanta sangre derramada para que todos pudiésemos ser, en el futuro, libres… 

La República cayó, con suprema dignidad, en un mar de sangre que siguió derramándose hasta el mismo instante en que el asesino en jefe falleció, regodeándose en fusilar, en robar, en perseguir, con la complacencia servil de las grandes corporaciones que todos conocemos, que le brindaron honores vergonzosos hasta después de muerto, en esa muerte demorada que le organizaron para tratar de organizar sus sucias cosas.

Hasta ese día, hace un poco más de treinta años, duró la Guerra Civil Española que había comenzado el 18 de Julio del año 36. 

 Nosotros, los radicales, podemos, con orgullo, recordar que fuimos solidarios, invariable y firmemente, con los republicanos españoles; desde el entonces presidente del Comité Nacional, don Marcelo T. de Alvear, hasta el afiliado más modesto de la Puna, fue un heraldo de esa lucha, que se hizo para todos. Y lo seguimos siendo por los años. Es cuestión de leer los discursos del bloque de los 44, por ejemplo. 

 Y esa lucha no fue en vano. Al final, el sátrapa ladrón fue derrotado. El único “mandatario” del planeta que fue a su entierro se llama Augusto Pinochet.  El terror que se le tuvo siguió hasta mucho después. Pero al final ya no van quedando más estatuas de Franco en la vieja piel de toro, ya se están abriendo las numerosas fosas comunes donde yacen los mártires oficialmente olvidados del franquismo… 

 La verdad dormida ha despertado. Allá no hubo una Unión Cívica Radical ni un Raúl Alfonsín que creara una CONADEP, allá no hubo un “Nunca mas”. allí no se juzgó a nadie. Las atrocidades de cuarenta años quedaron metidos en el hondón de los pozos insondables.
 Hubo silencio, ¿Hubo, tal vez. un miedo insuperable?.

 Nadie lo reprocha. Cada país es dueño de su destino y de su accionar. 

 Pero nadie puede impedirnos a los radicales argentinos que, a setenta años del comienzo de esa tragedia, le rindamos, desde aquí, nuestro homenaje a los mártires que cayeron en España, no solamente por su propia libertad, sino también por la nuestra.

 Nadie puede impedirnos a los que militamos  en la Unión Cívica Radical que nos sintamos orgullosos de haber sido solidarios con la II República Española, con sus luchas, sus sueños y admirar su heroísmo y en definitiva su enorme aporte a la consolidación de la libertad y de la Democracia en el mundo. 

Enrique Pereira
Secretario de Relaciones Internacionales de la H. Convención Nacional de la Unión Cívica Radical

Rector de la Unión Cívica Radical de Entre Ríos