Qué tan triste situación para demostrar que la democracia está por encima de todo, que valora la vida en primer lugar, pero no se respetó el cruel instante. Un joven compatriota muere accidentalmente en esa plaza, donde tanta sangre se ha derramado, no importó.
La garra del odio pudo más.
La ostentación del poder bramó.
La áspera voz del tirano gritó por encima de esa sangre aún fresca.
La mirada oscura desconoció la ternura.
El suspender la concentración por otro caído no circuló por sus mentes.
Otro ser pasa al olvido en pos del becerro de oro.
Los silentes testigos, como el Cabildo y la Catedral grabaron en sus paredes un nombre más.
Los silentes convocados nuevamente no tomaron conciencia de la precariedad de sus vidas y que en definitiva sólo importan para llenar un espacio, una imagen que se transmite sin que se den cuenta que son objeto de los que dicen hacer política, de los que se hacen llamar políticos, de los que enferman con el poder de dominio sobre el prójimo.
¿ Conocerán de la Parábola del Buen samaritano ?
Haber pedido silencio por el que se fue y retirarse hubiera superado todos los discursos de la historia de la humanidad. Cada semilla que no plantamos, no germina, el árbol no crece y la fresca sombra para el pueblo nunca llega. Hacen falta los pobres, los indigentes, la miseria, para que aquellos buenos para nada justifiquen ante los demás sus dichos. No pueden darle sentido a la vida desde sí mismos, están huecos, carentes de amor por todo aquello que posee vida.
Están llenos de materia, no tienen nada. El resto del país convocado a una jornada de meditación, observó y nuevamente se escucharon las cacerolas dentro de sus corazones. También volvieron a rechinar en los habitantes de la Casa Rosada, vallada como fiel expresión de que no nos pertenece.
Sin embargo muchos pasaron y nadie pudo llevársela. ¡ Si hablara ! Los hechos escriben la historia, las palabras se pierden en el infinito. Cuando todavía se escucha el eco entre las viejas paredes: ¨… mientras exista un pobre en la Argentina…¨, los añosos árboles que cubren el perímetro, dicen, ¨mientras todavía exista un muerto sobre nuestras raíces, no habra paz¨.
¿ Oh Juremos con Gloria Morir ?
Al compatriota traído de Tucumán, Ni Gloria y Murió.
Dr. Alfredo Jorge Etchevarne Parravicini
LE 8406475